“Cerrajero” (XVIII)




      Durante la semana siguiente se dedicó a averiguar quienes eran los vecinos de Matamala; cuantos vivían en cada departamento, sus posibles horarios, sus oficios o profesiones.  No le era difícil pues, como Tesorero, llevaba el registro  de los propietarios o arrendatarios y, además, porque tenia buena relación con los dos nocheros que se turnaban cada semana. Con ellos pudo averiguar que rara vez Matamala recibía alguna visita: “para mi que el tipo es medio raro..” le había dicho don Jorge, el nochero mas antiguo. Ricardo no se había atrevido a preguntar cual era el sentido con que don Jorge había utilizado la palabra “raro” para no demostrar demasiado interés.
            También recibió el rumor que lo habían dado de baja porque, estando encargado de mantener, bajo cadena de custodia, un vale vista por veintitrés millones de pesos, éste había desaparecido y , por supuesto, habían cobrado.  

(Continuará)


Viernes 27 Marzo 2015, 24:00


Jueves 26 de Marzo 2015, 21:45




“Cerrajero” (XVII)

            Mientras entraba al ascensor y marcaba el botón del piso sexto se le ocurrió algo que, de inmediato, aceptó y quiso: la próxima entrada clandestina sería al departamento de Matamala. No podía ser mejor elección; toda la comunidad había tenido problemas con el sujeto; Axel Matamala era un ex funcionario de investigaciones, cejudo y agrio y que, según algunos, había sido dado de baja. En la última reunión de co-propietarios había criticado a los miembros de la Junta de Vigilancia de la que Ricardo era el tesorero, diciendo, entre otras cosas, que sospechaba “quizá que comisiones recibía “alguien” por depositar el dinero en un banco reconocido por su mal servicio” Desconcertado, Ricardo solo había atinado a sonreír nerviosamente, diciéndose: “ me las vas a pagar conchatumadre” Ahora se daba  la oportunidad del desquite. Pero no era un asunto sencillo pues el infeliz tenia su departamento en el último piso y, peor, al final del pasillo.



(Continuará)

Miércoles 25 de Marzo 2015, 22:30



“Cerrajero” (XVI)

            Al entrar al restaurante escogió una mesa del fondo, junto a la ventana. Aunque no era un cliente habitual un mozo lo reconoció. Después de ordenar un Ceviche y media botella de vino blanco,  comenzó a ojear el diario dominical. Repasó mentalmente lo que había hecho la noche anterior y volvió a sentirse feliz y seguro. Pensó en hacerlo nuevamente esa noche, idea que rechazó rápidamente. No era la adrenalina ni la posibilidad de encontrar algo muy valioso lo que lo inducia, sino el poder; el saberse capaz de  penetrar en la intimidad de un hogar sin ser descubierto.
            Al terminar el almuerzo dejó una buena propina y caminó hasta el puerto. Compró un helado y se sentó en un escaño a observar el movimiento de naves. A las cuatro de la tarde emprendió el regreso.


(Continuará)





Martes 24 de Marzo 2015, 21:30



“Cerrajero” (XV)
           
            Amaneció con esa nueva sensación de serena seguridad la que, pensó, se esfumaría con el sueño. El día estaba soleado y limpio, como ocurre a menudo en invierno. Desechó la idea de almorzar las empanadas y el vino que habían quedado del día anterior; decidió ir a comer mariscos a “Los Porteños” de Plaza Echaurren.
            Al cruzar la Plaza Sotomayor y debido a lo ensimismado que iba, tropezó con una turista, probablemente alemana: “Sae usté donde quedaría la Piazza Victoria”. Ricardo tuvo que mirar hacia arriba pues la turista le sacaba al menos treinta centímetros de estatura. Intentó explicarle pero todo resultaba inútil. Finalmente sacó una hoja de su libreta y le dibujó un plano esquemático. Antes de entregarlo se quedó mirando lo que había dibujado. “Thank you” dijo la turista. Ricardo intentó recordar qué se decía para responder, pero nada le vino a la cabeza, por lo que improvisó: “De nazing”. La turista lo miró e hizo una mueca condescendiente.


(Continuará)

Lunes 23 de Marzo 2015, 23:15



“Cerrajero”  (XIV)

            Caminó por el pasillo y bajó por las escaleras. Esta vez no tomó ni el mas mínimo resguardo y no se cuidó de hacer ruido; a medida que caminaba iba sintiendo como se iba intensificando una seguridad en si mismo que pocas veces había experimentado. Recordó que una sensación semejante la había tenido un sábado de hace un par de años; aquel día había bebido más de la media botella que acostumbraba y, envalentonado, había decidido salir a caminar por el plan con el propósito de conocer a alguna mujer que quisiera compartir una buena cena en el viejo Bar Cinzano.         
            Esa noche no conoció a nadie, salvo un melancólico mozo de la barra con el que entabló una larga conversación sobre el Valparaíso de los setentas.
           Al entrar a su departamento sintió hambre; se sirvió medio vaso de vino y se frió dos huevos  y una salchicha que comió sonriente.


(Continuará)