"Argollas"


      Camina por Providencia. Recorre joyerías. Busca argollas para su matrimonio. En una esquina se encuentra con Pamela. Entran a una fuente de soda. Mientras comen un par de completos y  beben cerveza él le cuenta que aún no compra las anillos. Ella se queda en silencio y baja la mirada.  Le dice que lo ha pensado mejor y que se arrepiente, que no se quiere casar. ¿Todavía, o es que no te quieres casar?, pregunta él. Ella se demora en contestar y finalmente dice: “No, todavía”. El carraspea, bebe la mitad del vaso y siente que Santiago vuelve a prenderse.

Jueves 25 de Junio 2015, 19:15

"Decisión"


         Sale de su casa. Baja por Matta a paso rápido. A pesar del frio, lleva puesto sólo su camiseta roja. Escucha los gritos de alegría que salen de todas las casas. Se detiene frente a un poste y se abrocha firmemente las zapatillas. Pocas veces en su vida ha tomado una decisión tan definida. Al llegar a Avda Los Placeres se detiene. Piensa en su madre, sus hermanos y en lo que esa tarde, en el colegio,  le ha dicho su profesor de educación física. Respira profundo y comienza a correr cerro arriba. Tiene que llegar a Essen en menos de diez minutos. Jadea. Transpira. Pero siente que hoy es el principio de un destino que ha decidido: será futbolista.

Miércoles 24 de Junio 2015, 23:15

"Buenas Noticias" (II)

            
       Después de lo que estimó una media hora, y si su sentido de orientación no lo engañaba, supuso que estaban llegando a Pudahuel. Los captores no hablaban. Solo de vez en cuando escuchaba una risa nerviosa. Tenia el cuerpo sudoroso y pegado a la ropa.
        - "Si quieren terminen ahora, plata no tengo"
        - "No es dinero lo que queremos, gil"
            El auto siguió avanzando por un mal camino por lo que imaginó estaban llegando a Departamental. Pocas veces Esteban había pensado en la muerte. Ahora estaba frente a una posibilidad cierta.
        Después de lo que le pareció una eternidad el auto se detuvo. Escucho voces y un pitido lejano. Lo hicieron bajar. Sintió que lo levantaban de los hombros.
     Le quitaron la venda y se encontró de frente con los números verdes que parpadeaban: 06:30


Fin.

Martes 23 de Junio 2015, 20:45

“Buenas noticias” (I)

           
         Apenas el carro se detuvo y pudo observar el rostro de quienes le apuntaban tuvo la certeza de que no eran  policías. Le pidieron los documentos. Con mano temblorosa los buscó en la guantera; cómo se demoraba, le pidieron que descendiera. Eran las tres de la mañana y no se veía movimiento en el aeropuerto Guillermo Valencia. Mientras obedecía las ordenes como autómata pensaba en sus tres hijas y en la palabra “huérfanas”. Ya había escuchado muchas veces el consejo de que frente a una persona armada no había que resistirse y este caso era peor; eran tres sujetos y dos lo apuntaban con pistolas. Cuando lo vendaron arrugó la cara para que cuando relajara los músculos quedara un poco mas suelto el vendaje. Sintió que alguien lo hacia caminar y lo empujaban a lo que supuso era una camioneta por el ruido del motor. Trató de recordar el lugar preciso en que ya no había visto mas que oscuridad, lo que le permitió conjeturar que el carro enfilaría por el Barrio Cadillal.

            Al día siguiente de nacer María Gloria, su  primera hija, habían recorrido esas calles en el Renault.  Juliana le había dicho que no le hablara tan duro pues podía afectar sus tímpanos. Franklin, obedeciendo,  había cambiado el tono a apenas un susurro.


(Continuará)

Lunes 22 de Junio 2015, 21:15

"El Estrecho de Magallanes"


         Un niño de siete años  recorre las playas que bordean el estrecho de Magallanes. Se sorprende con los  pequeños vidrios de colores desgastados y redondeados ásperamente por la fricción constante contra las piedras. Siente el frio intenso pero superficial del viento que le da en la cara. Levanta piedras y se pregunta si estaban cuando estaban los dinosaurios. Mira las suaves olas; se agacha y sumerge sus dedos en el agua preguntándose si acaso en ese momento toca todos los mares del mundo. Sigue caminando por el borde costero y, de vez en cuando, se detiene para comprobar como va achicándose el auto en donde lo esperan sus padres.
        Prende una fogata y vuelve a asombrarse con el intenso color naranja del fuego y el humo azul; lo alimenta con algas secas y una que otra madera seca y liviana que encuentra en la arena.
    Se calienta las manos con las pequeñas lenguas de fuego que salen de la hoguera y vuelve a mirar el estrecho. Cierra los ojos con la intención de volver a abrirlos y ver en la mitad del estrecho el buque de Hernando de Magallanes. Los abre y  no está.
    Siente que si la soledad tiene un paisaje, es el que contempla en ese momento.
     Diez años después vuelve a sentir la misma sensación cuando lee, en un cuento de Cortazar, la siguiente frase: … “ cómo en esos golfos del estrecho de Magallanes donde no entra nadie, nunca…”

Domingo 21 de Junio 2015, 22:00


"Playa de Noche"





     La luna ilumina la noche. Me paro frente a ella desnudo y con un cigarro en la mano. Veo las sombras heladas en mis brazos y piernas. La brisa fría del desierto me endurece. Me alegra el chaleco rojo que usa; me inclino y le ofrezco mi cigarro. Me dice que no fuma y que yo no debiera. Le digo que la autodestrucción moderada es un moderado placer. Se ríe y al hacerlo muestra una hilera perfecta de dientes blancos que relucen su blancura en la noche lunarmente iluminada. Con un gesto lento golpea con su mano extendida el suelo contiguo en donde ella se sienta. Me acomodo a su lado y mi desnudez se hace incomoda. Me paro; voy al auto y saco unas bermudas que me pongo haciendo equilibrio. Vuelvo donde está ella. Espero que repita el gesto  lento de golpear el suelo contiguo, pero no lo hace. Me quedo parado frente a ella. “¿No me invitas?” le digo. “Ya no es necesario, ese lugar te pertenece”. En el momento que me inclino para sentarme a su lado, ella comienza a levantarse y me dice que ya es muy tarde. Veo cómo camina lentamente hacia la carretera. Casi al llegar a la carretera mira hacia atrás y sonríe. Miro la luna y me pregunto ¿será que algún día no tendré que ser yo quien siempre la busca?.

Sábado 20 de Junio 2015, 23:59 

"La Piscina"


         Samuel había ganado una pequeña fortuna estafando a personas de escasos recursos. La tarde en que le entregaron su pequeña mansión y, una vez que los invitados se habían ido, quedándose sólo,  bajó a al jardín pensando en que le haría bien darse un chapuzón en el agua helada. 
        Caminó por el césped mirando como sus pies se sumergían en el verde y disfrutó sintiendo el contacto del pasto. A medida que se acercaba a la piscina sintió una brisa helada; el verano ya había terminado hacía más de un mes. Cuando estuvo al borde, se desprendió de la toalla blanca que llevaba rodeándole el cuello, tiró el vaso de whiskey al pasto y se quedó admirando el azul cristalino del agua. Se detuvo en la parte que daba hacia el sector mas hondo. Pensó en algo que le diera el coraje suficiente para tirarse de una vez al agua que ahora parecía mas helada de lo que había imaginado. Deshecho varios motivos: ¿Nora? No lo merecía esa hija mal agradecida. Finalmente se decidió por el futuro. No lo pensó más y saltó.
       Mientras su cuerpo reaccionaba bruscamente al cambio de temperatura, abrió los ojos y pudo ver sus manos y dedos estirados que apuntaban hacia delante.  Cuando el impulso inicial se desvaneció comenzó a nadar debajo del agua, conteniendo la respiración. No divisaba el final de la piscina; miró hacia abajo y pudo comprobar que no había más de un metro entre su cuerpo y el fondo. Intentó aguantar un poco más hasta por lo menos divisar el extremo de la piscina. Hizo  un último esfuerzo hasta que un dolor fuerte en el pecho lo dejo paralizado; trato de impulsarse con su brazo derecho para salir a la superficie pero este estaba agarrotado y no le obedeció. Boto el poco aire que quedaba en sus pulmones y se dio cuenta, en ese instante, que moriría debajo del agua, solo.

Viernes 20 de Junio 2015, 23:45


"Jaque Mate"



         Hace ocho años que juego ajedrez en la Plaza Almagro ¿que más le queda a un profesor jubilado? Llego temprano en las mañanas, leo el diario, me tomo un café y luego espero que algún aficionado me rete una partida. Hoy llegó una mujer preciosa y me ganó en dieciocho jugadas. No pude con su vestido azul, su blusa blanca y su pelo castaño. Me distrajo, me saco de mis casillas. Ella sonreía y sonreía y yo fruncía y fruncía el ceño. Me arrepiento no haberme concentrado. Ahora juega con otro tipo, el que siempre le gana. Me muero de celos.

Jueves 18 de Junio 2015, 20:30