“Cerrajero” (XXXI)



            Volvió  su escritorio y, como pocas veces sucedía, lo esperaban tres clientes. Los escuchó distraídamente y sólo les pidió que volvieran en una semana con los antecedentes solicitados para estudiar la factibilidad del crédito.
            Cuando entró al edificio no pasó a saludar al conserje, como era su costumbre; sólo miró de reojo y comprobó que una de las estudiantes del 702 conversaba animadamente con don Jorge.
            Al entrar al departamento no prendió las luces; fue directamente a la cocina, abrió el refrigerador, lo miró como hipnotizado y lo volvió a cerrar. De la repisa sacó la botella de ron, llenó un vaso y fue al balcón. Respiró hondo mirando el cielo y sintiendo el viento frio del invierno; prendió un cigarro y en dos largos sorbos, acabó el vaso.
          El efecto del alcohol no se hizo esperar; al poco rato sintió que su preocupación era absurda y exagerada;  que si lo hubiesen denunciado ya habría pasado algo, mas todavía si aquella luz verde que había alcanzado a divisar frente al escritorio de Matamala hubiese sido una cámara de seguridad; con una prueba irrefutable como esa ya lo habrían detenido; al fin y al cabo ya había transcurrido casi una semana de la “visita”.
        "Tranquilo, no pasará nada y si, pasa, ya veremos.." se dijo.


(Continuará)

Viernes 10 de abril 2015, 23:45

“Cerrajero” (XXX)



            Ricardo levantó los hombros al tiempo que la sonrisa se transformaba en una extraña mueca.
            Oriana levantó el comunicador: “Don Nicolás, acaba de llegar don Ricardo”
“Pase”
            Ricardo entró a la oficina; Don Nicolás estaba en la ventana mirando la torre del reloj Turri mientras sacaba de una bolsa blanca unos manís que descascaraba sin mirarlos.
            “Usted dirá, don Nicolás”
            “Ricardo ... nos conocemos hace más de diez años, y cuando digo nos conocemos, usted me entiende, creo que confía en mi y yo en usted. Se lo digo porque quiero que me responda con toda sinceridad”
            “Por supuesto don Nicolás. Usted sabe que yo no…. bueno ... usted dice que me conoce, por lo que no creo necesario decir más…”
            “Bueno, bueno Ricardo… sólo una pregunta: Usted hace años que mantiene unos depósitos a plazo renovables; ¿podría hacer un historial del mismo? Mire, lo que pasa es que en la mañana me visitó un comisario de investigaciones haciendo algunas preguntas referentes a usted; generalidades, cuanto tiempo trabaja acá, si ha tenido algún problema, etcétera, y si acaso mantenía una cuenta en este banco, una cuenta personal, me refiero. Yo le dije que sí, que todos los empleados la tienen pues el banco deposita las remuneraciones en ellas… Bueno, en fin, no pregunto nada del otro mundo, salvo el asunto de los depósitos renovables de su edificio, por lo que le pido  me tenga el historial de los depósitos y su respaldo. La verdad es que el comisario no me lo pidió, pero creo que es conveniente que lo haga y más que nada, para usted mismo.
            “No se preocupe don Nicolas, mañana a primera hora lo tendrá en su escritorio”
            “No hay apuro… hasta luego Ricardo y... tranquilo...

(Continuará)


Jueves 9 de Abril 2015, 23:15

“Cerrajero” (XXIX)



    
            Subió a su departamento y le costó encontrar la cajetilla de cigarros que había guardado en el bolsillo interior de la chaqueta. Fumó tres cigarros seguidos sin pensar en nada concreto. Fue a la cocina y rompiendo la promesa de no tomar alcohol los días de semana, sacó de la estantería una botella de Ron, lleno un vaso hasta la mitad y lo mezcló con Pony, una bebida que su sobrina, Virginia, le había traído de Colombia.
        Volvió a la terraza, se sentó y miró el vaso tembloroso que sostenía entre el pulgar y el índice.
            Esa noche apenas pudo dormir un par de horas. En la mañana pensó que lo que había ocurrido era un mal sueño, pero no; el olor a cigarros y el vaso vacío en la mesa del balcón le recordaron la angustia de la tarde anterior.
             En la mañana nuevamente llegó temprano al banco, pero esta vez puerta lateral estaba abierta. Al llegar a su escritorio, ordenó las carpetas de los clientes que lo visitarían durante la mañana. A las diez recibió una llamada de Oriana, la secretaria de gerencia, diciéndole que subiera inmediatamente porque don Nicolás, el gerente de banca de personas, necesitaba hablar urgente con él. Ricardo sintió un leve mareo y la boca reseca.
            Subió las escaleras de dos en dos, y se obligo a sonreír al entrar a la oficina.
            “¿Que pasó, don Ricardo?” le dijo la secretaria mirándolo con el ceño fruncido.

(Continuará)

Miércoles 8 de Abril 2015, 22:30

“Cerrajero” (XXVIII)



            Sólo salió el sábado en la mañana para comprar queso y jamón, pero también con la expectativa de encontrarse con Matamala, lo que no ocurrió.  La tarde del sábado y domingo se entretuvo leyendo una novela grafica de  Baradit, algunos comics de Manara y escuchando folklore argentino.
            El lunes se despertó al amanecer y llegó a su trabajo casi una hora antes; la puerta lateral de los funcionarios aun estaba cerrada por lo que decidió caminar hasta la estación puerto y allí tomar un café y comerse un sándwich.
            El día transcurrió sin sobresaltos. Por la tarde, al entrar al edificio, lo detuvo don Jorge y le dijo que había venido un detective a ver a don Axel, pero que, curiosamente también había preguntado si acaso usted vivía aca.
                 “¿Y? ”
            “Nada don Ricardo. Le dije que si, que hace años que usted vive aquí. Luego subió al departamento  de don Axel. Para mi que es un viejo compañero de cuando era detective”

(Continuará)


Martes 7 Abril 2015, 22:15

“Cerrajero” (XXVII)


            Volvió a su departamento fumando un cigarrillo tras otro. Fue a la cocina y llenó una copa de vino hasta el borde y fue al balcón. Repaso una y otra vez lo que había ocurrido y todo, salvo la diminuta luz verde que había observado frente al escritorio, le pareció normal. Al fin y al cabo no había sacado mas que cien dólares y, aun, sin quererlo sino llevado por la circunstancia. Si acaso Matamala se hubiese dado cuenta del billete faltante, ya se sabría; y, por otro lado ¿cómo un jubilado podría justificar esa cantidad? Además si los que llegaron se hubiesen dado cuenta de su presencia....“Basta; si sigo especulando, se abren infinitas posibilidades” pensó.
          La semana transcurrió normalmente. Llegaba del trabajo y pasaba a conversar con el nochero de turno para ver si había alguna novedad. Recién el jueves se atrevió a preguntar si algún residente se había quejado. Nada.
      El viernes llegó temprano y, después de cinco días inactivo, volvió a sacar su colección de chapas antiguas y el maletín con sus herramientas y ganzúas. Se entretuvo hasta la madrugada cerrando y abriendo cerraduras.


(Continuará)

Lunes 6 de Abril 2015, 23:30