"Un mundo demasiado pequeño" (III)

       Al día siguiente Contardo buscó a Manuel por toda la escuela. Finalmente lo encontró leyendo en el patio central de la universidad. Lo observó por largos minutos antes de acercarse.
     “¿Qué lees?”
      “El azar y la necesidad, de J. Monod”
      “Mmm … anoche se me olvido un cuaderno en el laboratorio,  uno de tapas verdes…se me quedó cerca del microscopio en donde estabas trabajando. ¿Lo viste?
    “No. Pregúntale a la gente del aseo; si encuentran algo, lo dejan en la sala de profesores…”
   “ Espero que no te  moleste, pero me tomé la libertad de ver en lo que estabas trabajando … y vi… algo muy extraño… te imaginaras…”
   “No. No dejé nada sobre la platina…  ¿y que viste?”
“Tu lo sabes mejor que yo pues Manolo, la mujercita bailadora…. la que hace gestos poco educados con la mano….”
  “Jajajaja… que ingenuo eres Contardo, jajaja”
  “No entiendo de que te ríes… hace tiempo que te observamos. Siempre hablas mientras miras el microscopio..”
   "Jajaja,  ¡es que no lo puedo creer!
  “Pues créelo, yo vi a una pequeña mujer que saltaba, brincaba y hacia señas con las manos, algunas con el dedo medio….”
  “Jaja…. Es muy simple mi ingenuo amigo. Ese es un microscopio de alta tecnología. Viene con un software publicitario…. Lo que tu viste es la publicidad de Leika. Si no aprietas un botón  rojo que esta cerca del cabezal, comienza una publicidad de una mujer en bikini rojo que te invita a probarlo… te llama a visitar lo pequeño. Ah! y no hace gestos obscenos, te equivocaste de dedo: te señala el dedo índice para señalarte que Leika es la empresa ¡¡¡número uno en tecnología óptica!!!

Fin.


miércoles 25 de noviembre de 2015, 21:00

"Un mundo demasiado pequeño" (II)

     Una semana después de ese incidente, un compañero, acicateado por la curiosidad, esperó hasta tarde que Manolo se fuera del laboratorio. A las ocho treinta se apagó la luz y el compañero, de apellido Contardo, entró al laboratorio. Pulsó el interruptor; un sonido monocorde y apagado indicó que el instrumento estaba listo. Acercó su ojo derecho hacia el tubo plateado: al fondo de lo que parecía un desierto amarillo bailaba una diminuta mujer. Contardo no daba crédito a lo que veía. Reguló el diafragma y cuadró la platina. Volvió a mirar: esta vez la minúscula mujer hacia señas como una naufraga en una isla desierta que ve pasar un avión. Retrocedió un metro y volvió a acercarse lentamente. Miró por el ocular y nuevamente observó a la mujer, ahora sentada sobre una pequeña roca.
Se secó el sudor que abruptamente había humedecido su frente. Con sus dedos temblorosos retiró las pinzas que  fijaban el rectángulo de vidrio y lo puso sobre la mesa. Lo miró detenidamente y solo percibió un especie de caliza amarilla.  Volvió a poner el vidrio sobre la platina y miró. La diminuta mujer hacia un gesto obsceno con su dedo medio.
    “¿Me escucha?” dijo en voz baja.

La mujer comenzó a caminar hacia la izquierda hasta que quedó fuera de foco. Contardo movió la platina para alcanzarla pero fue inútil. Hizo varios intentos sin resultado. Miró su reloj y comprobó que ya eran las diez y media. Apagó el microscopio y salió del laboratorio.

(Continuará)

Martes 24 de Noviembre de 2015, 21:00

"Un mundo demasiado pequeño"

         La primera vez que Manuel Opitz se asombró por el mundo de lo pequeño, fue el día que cumplió ocho años. Después de mucho buscar un regalo adecuado para la edad, su padre decidió comprarle una gran lupa.
            A las pocas horas de abierto el regalo, costó que, Manolito - como le decían familiarmente – abandonara el jardín.  Con su gran lupa –  casi la mitad de su cabeza - miraba incansablemente todo lo pequeño con que se topaba.
            En la navidad siguiente le compraron su primer microscopio y, a las pocas horas, ya lo manejaba a la perfección. Durante los meses posteriores no hubo un día que no pasara las tardes poniendo sobre el rectángulo de vidrio todo tipo de pequeños insectos: hormigas, moscas, pequeñas arañas, gusanos. En ocasiones, sus padres quedaban impresionados con el nivel de concentración con que Manolito miraba y anotaba sus observaciones en una pequeña libreta.
            Los microscopios, como regalos de navidad o cumpleaños, se fueron repitiendo en forma intermitente. El gran microscopio – que a su padre le costó una  considerable suma – se lo entregaron en la navidad del año mil novecientos setenta y tres: lo compraron según las indicaciones que el propio Manolo había dado: lente cristal Leica, con zoom de 80x hasta 1400x, lente de 20x y 30x y armazón de carbono.
            Desde ese día su vida fue casi enteramente dedicada a investigar lo diminuto. Al cumplir los dieciocho años decidió estudiar entomología. Los primeros años se destacó como un alumno aventajado pero, al mismo tiempo, sus compañeros notaban que algo extraño le sucedía. Muchas veces sus amigos cercanos le hacían bromas, pues lo sorprendían hablando solo mientras fijaba su ojo izquierdo sobre el mirador. ¡La ameba no habla, Manolo!


(Continuará)


lunes 23 de Noviembre de 2015, 21:00

"Entrevista"

          Llegó al paradero en el mismo momento que comenzaba a caer una delgada llovizna. Un pasajero en espera le confirmó que por allí pasaba el bus 203. Julia era una mujer atractiva; pelo castaño con brillos como de oro viejo combinaban con su piel mate. Esa tarde llevaba un vestido negro de dos piezas que su hermana le había obligado a ponerse. “Entrevistaras a un personaje, y ya sabes: como te ven te tratan hermanita” le dijo en la mañana, colgándole, además, un collar de perlas.

            Aunque había dejado de fumar hacia seis meses se sintió tentada de comprar una cajetilla. Un kiosko, a escasos metros del paradero la decidió. Abrió la cajetilla y prendió un cigarro. En el mismo instante que aspiraba el humo una gruesa gota de lluvia cayó sobre su extremo encendido y no tuvo mas remedio que botarlo.
            En la mañana la editora le habían encargado entrevistar al personaje. Aunque había pedido muchas veces esa entrevista, ahora la inundaba la inseguridad. Durante el fin de semana leyó todo lo publicado sobre él. Buscó en el bolso el papel con la lista de preguntas y las volvió a repasar.
         “Este es el bus” escuchó decir a la persona a la que minutos antes había preguntado.
            Pagó con las  monedas justas. Avanzó por el pasillo y se sentó en la ultima corrida de asientos.
       Estaba contenta y la música un tanto estridente del bus, le dio confianza. Por primera vez sería capaz de hacer el periodismo con el que se había comprometido. La editora le había aconsejado que tuviera cuidado pues “uno nunca sabe el poder que tienen estas personas” Pero ella estaba decidida, aun conjeturando que podría perder su trabajo.
            Sólo quedaban algunas cuadras para llegar. La música fue abruptamente silenciada y un locutor anuncio la noticia: hoy fue detenido Dámaso Feliú en el aeropuerto internacional, luego que ayer se conociera la investigación por soborno hecha por su secretaria….”

Domingo 22 de Noviembre de 2015, 22:30

"Clásica"

     Después de dieciséis años decidieron separarse. Ana volvió a sus tierras del sur y Sebastián cambió de trabajo. A los pocos meses ella inicio una nueva relación. Para Sebastián fue mas difícil puesto que, a pesar de que ambos habían tomado la decisión, temía que le costaría mucho olvidarla.
     Los primeros meses fueron los mas difíciles. Se quedaba todos los fines de semana en su casa acostado, mirando televisión. Dormitaba, luego se levantaba a comer, fumaba un par de cigarros y volvía a dormirse. 
     Sus amigos lo llamaban para salir y presentarle alguna candidata. Al principio buscaba alguna excusa pero luego se acostumbró a decir “todavía no, no estoy preparado” Ellos insistían: “pero si no es para que te cases, ni para que comiences una nueva relación; es sólo para que conozcas a alguien con quien puedas ir al cine o tomar una cerveza después del trabajo”  le decían, pero no había caso.
    Cuando comenzaron los insomnios compró un pequeño computador. Navegaba hasta la madrugada. Una noche descubrió una radio Argentina de música clásica: tocaban las piezas musicales mas reconocidas, relataban una pequeña biografía del músico y explicaban los movimientos de la obra.
  La noche del 21 de septiembre fue particularmente melancólica. Estuvo a punto de llamar a Ana para proponerle hicieran un último intento. En el mismo instante que discaba el numero telefónico el locutor anunció: “Escucharan a continuación del compositor finlandés Armas Järnefelt su obra "Berceuse"

       A medida que la música brotaba de los parlantes, Sebastián comenzó a sentirse sereno, tranquilo y, por primera vez desde hacia meses, intuyó que habían posibilidades. La palabra surgió en su cabeza sin  tener un contenido concreto. La vida ofrece “posibilidades” se dijo. Sintió en su alma surgir una sensación de optimismo.

Esa  misma mañana despertó muy temprano. Prendió el computador; buscó la radioemisora que en ese momento emitía la Cantata BWV156 de Bach.
    Esta vez no sólo surgió en su mente la palabra “posibilidad” sino también “fortaleza”, “esperanza”, “alegría”, “futuro”.
    Ese dia trabajó con un nuevo entusiasmo. En la tarde, apenas llegó a su casa, sintonizó la radio. Se anunciaba el Vals Nº 15 de  Johannes Brahms.
Por primera vez en muchos meses Sebastián se dio cuenta que ese día no había pensado en Ana.
   Sentía que la música que emanaba de los parlantes le hablaba con sonidos que sólo su  corazón entendía; su mente quedaba rezagada.
Cuando terminó toda una sesión  destinada a Bach, se transmitió “Las cuatro estaciones” de Vivaldi. En la mañana despertó feliz y tarareando los compases de la primavera.  Sintió en su corazón que estaba curado de la nostalgia y pensó en los sentimientos que se estaban desplazando a un lugar desconocido. Se preguntó cual sería la obra que retratará lo que sentía.
En la tarde del miércoles llegó a su casa, pensando en Ana pero de forma diferente. La recordaba y sonreía, feliz de haber vivido lo vivido junto a ella, aceptando, por primera vez, que todo había acabado.
     Prendió su computador y sintonizó la radio: “A continuación escucharan El Réquiem de Wolfang Amadeus Mozart”

Esa noche asistió al entierro de un gran amor que moría para dar lugar a una nueva vida que crecía dentro de él.

Sábado 21 de Noviembre 2015, 23:55