“Cerrajero” (XXVI)



      El lunes siguió  inquieto; presentía que algo había hecho mal, que no había sido suficientemente cuidadoso y previsor. En la tarde, al llegar del trabajo, don Jorge le informó que hacia poco “un señor” había preguntado por él, pero no había dejado su nombre. Lo tranquilizó el que la descripción correspondiera a un viejo amigo, compañero de curso del liceo Pedro Montt.     A las nueve de la noche fue hasta el paseo Atkinson pues, desde el mirador, se podía ver si acaso el departamento de Matamala tenia alguna luz prendida. Le costó algunos minutos individualizar el piso pero pronto comprobó que, efectivamente, las del comedor y la cocina lo estaban.


(Continuará)

Domingo 5 de Abril  2015, 23:30

“Cerrajero” (XXV)



          Entreabrió la puerta y asomó la cabeza: nada. Caminó sin apurarse por el pasillo y bajó las escaleras. Al llegar a su departamento buscó en el velador una pequeña lupa que ocupaba para analizar las muescas de llaves. Observó detenidamente el billete de cien dólares y no tuvo duda: era auténtico.
      Estaba intranquilo; recordó que el mismo momento que escuchó las voces de las personas que salían  del ascensor,  diviso una pequeña luz verde en la pared que enfrentaba el escritorio. “Si  hubiese sido alarma, habría sonado” pensó mientras se quedaba dormido. No durmió bien.
      A la mañana siguiente, volvió a examinar el billete.  Pensó en ir esa misma noche y devolverlo;  el conserje había dicho que Axel Matamala volvería el lunes en la mañana, por lo que aun le quedaba una noche más.
         Después de almorzar caminó hasta el muelle Prat y pasó la tarde mirando el ir y venir de los botes que paseaban turistas por el puerto. Volvió a su departamento pasadas las seis de la tarde.

(Continuará)

Sábado 4 de Abril  2015, 23:30


“Cerrajero” (XXV)


            Salió de su departamento dejando la puerta entreabierta. Subió rápidamente los cuatro pisos; eligió la ganzúa ya ocupada y al cabo de veinte segundos la puerta cedió. Fue directamente al cuarto de estudio; sobre la mesa, la potente presencia del maletín. Lo abrió lentamente, como esperando que sonara una alarma, se prendiera una luz, ocurriera algo inusitado, pero nada; solo  escuchó el lejano bocinazo de un bus.
            Prendió la linterna  y la sujetó con la boca, sacó cuidadosamente un billete de un fajo, y lo examinó detenidamente: alguna vez un colega cajero le había explicado en qué debía fijarse para detectar un billete falso. Lo revisó por ambos lados y no encontró ningún detalle que lo hiciera sospechoso. Cuando se aprestaba a poner nuevamente el billete en el fajo, oyó que se abría la puerta del ascensor; escuchó ahogadas carcajadas y alguien que llamaba al orden. No se le ocurrió sino esconderse debajo del amplio escritorio. Pasaron algunos segundos y las conversaciones, aunque mas distantes, continuaban. Se incorporó, fue hasta la puerta, puso el oído y respiró tranquilo: las voces provenían del otro extremo del pasillo. Volvió al estudio, cerró el maletín guardándose el billete de cien dólares en el bolsillo de la bata.  

(Continuará)

Viernes 3 de abril 2015, 23:30


“Cerrajero” (XXIV)



            Se dirigió al cuarto contiguo;  un gran escritorio de fina madera, probablemente caoba; sobre él, un maletín negro; detrás del escritorio, cubriendo toda la pared, un fina estantería repleta de libros, todos meticulosamente ordenados por tamaño.
            Se quedó mirando el maletín hasta que no resistió indagar su contenido; al fin y al cabo tenia puestos los guantes de goma. Corrió los pestillos, levanto la tapa: no daba crédito a lo que veía: alineados y en rumas, billetes de cien dólares. La visión lo impacto de tal manera que con gran rapidez cerró el maletín y en menos de treinta segundos ya se hallaba bajando las escaleras. Al llegar a su departamento aun no se reponía. Conjeturó que podían ser dólares falsos; no podía ser posible que una cantidad semejante estuviera prácticamente a la vista y sobre un escritorio. Con toda seguridad debía ser una broma, una buena broma. Durante media hora pensó que haría; finalmente decidió volver a subir para verificar la autenticidad de los billetes.



(Continuará)

Jueves 2 de Abril 2015, 23:30

“Cerrajero” (XXIII)


        Avanzó por el pasillo hasta llegar al cuarto principal; volvió a sorprenderse por la limpieza y el orden con que todo estaba dispuesto. Sobre la cama, un inmaculado cubrecama blanco y, a los pies, una colorida manta indígena. A cada lado un velador de madera negra con una cubierta de vidrio; en el lado izquierdo una lámpara y, debajo de ella, una foto. Quiso tomarla para ver mejor la imagen pero pensó que un leve cambio seria advertido por quien, al parece, sufría un TOC de orden. Sacó la linterna y alumbró el retrato: era una pareja tomada de la mano en una playa, que le pareció Las Torpederas; probablemente los padres.
            Al frente de la cama un gran ropero con dos espejos biselados a sus costados; abrió una de las puertas y, nuevamente: colgados en perfecto orden cuatro trajes, dos chaquetas, un abrigo azul y un impermeable negro; al fondo, un elegante paraguas antiguo.

(Continuará)


Miércoles 1 de abril 2015, 22:30