"Qué quedará? (I)

 Cuando Mario Contreau se jubiló de la universidad, todos nos sentimos huérfanos. Era brillante, incluso cuando guardaba silencio. Aguantó estoicamente la tropa de imbéciles que se hicieron cargo de la universidad en los tiempos difíciles; soportó sutiles humillaciones académicas con ese serio sentido del humor que siempre lo caracterizó. Todos los que fuimos sus alumnos y discípulos lo admirábamos.
 Tuve la suerte de ser uno de los últimos en visitarlo en su pequeña y arbolada casa de Peñalolen. Aunque no fue una tarde alegre, siempre que me inunda alguna engañosa esperanza,  la recuerdo. Incluso ahora, que han pasado mas de  diez años su memoria me entristece.
  Recuerdo haber llegado una tarde silenciosa de verano. Le llevaba un pie de limón que era su debilidad. La señora Matilde, su esposa,  me dijo que don Mario dormía la siesta pero que si gustaba lo podía esperar en la biblioteca. La llamada “biblioteca” era un cuarto extremadamente pequeño, y sus estanterías, repletas de libros, lo estrechaban aun más. Estuve como treinta minutos en ese cuarto sagrado, disfrutando de la mejor selección de clásicos imaginables. Había versiones originales en francés, italiano, alemán e ingles y, la mayoría de ellos tenían puestas notas al margen con la inimitable caligrafía de don Mario.

Cerca de las cinco, apareció el maestro pidiendo disculpas. Nos dirigimos al comedor y comenzamos esa charla que ha quedado para siempre en un espacio agridulce de mi memoria.

(Continuará)

Lunes 05 de Octubre de 2015, 22:00

"Tio Manuel"

 El tío Manuel vivía en un pequeño pueblo del sur y era cliente habitual del único bar-restaurante que había en cincuenta kilómetros a la redonda. “Don Pincho” era más que un restaurante; para muchos era una segunda vivienda y para los solteros casi la primera.  
 Tenia una gran barra de cinco metros con sillines al estilo americano; botellas de todos los licores imaginables, pero vacías,  poblaban la colorida pared que enfrentaba a la barra; en los extremos dos espejos que malamente reflejaban la imagen melancólica del recinto.
 Al fondo del local había un juego de la rana. En el centro se ordenaban las  mesas en forma de triángulo. 
 A las seis de la tarde comenzaban a llegar los jugadores de dominó y, mas tarde, los de brisca.
 El tío Manuel era de los pocos que prefería el ajedrez y hacia meses que nadie le podía ganar.

 En la tarde del 17 de Septiembre pasado, llego una pequeña comitiva de artistas que iban con destino a una ciudad del sur. Mientras almorzaban, una de las llamativas integrante del coro se acercó a don Manuel y le propuso jugar una partida.  En un momento el tío Manuel estuvo a punto de perder, pero se refugio en un enroque que le permitió hacer tablas. Hace dos horas llegó nuevamente la niña,  acompañada de su novio, para jugar la partida definitiva, la que en este momento observo.


Domingo 4 de Octubre de 2015, 21:00

"Paulina"

  Después del quiebre Paulina vendió las pocas cosas que tenia y viajó a Paris. 
  Vagó durante semanas intentado hacer algún amigo o amiga que la invitara a vivir en su casa. La primera noche durmió en la estación de metro de Port Royal; la segunda en la Luxembourg y finalmente hizo su residencia permanente en la cálida estación de La Sorbonne.
  Fue en esta última donde conoció a un argentino enorme, tan pobre y necesitado como ella. Se hicieron muy amigos pero no fue sino hasta el tercer mes que se confesaron gustarse. La vida les era tan difícil que día a día tenían que hacer milagros para no morir de hambre y de frio. Pero poco a poco las cosas fueron mejorando. Paulina comenzó a hacer clases de español a un grupo de estudiantes universitarios; Manuel consiguió emplearse como vendedor de la mítica Shakespeare and Co.

  A los tres años se casaron y nació André, quien con el tiempo, se convirtió en el neurocirujano mas respetado de Bélgica.

Sábado 3 de Octubre de 2015, 22:30

"Franco"



   Existen personas que se obsesionan con distintas cosas; los coleccionistas con un sello, una moneda o una simple caja de cigarrillos que  les cuesta conseguir. Franco era un obsesionado pero de otra naturaleza. Le encantaban los equilibrios de las cosas y las buscaba afanosamente. Su madre, Perla, contaba que probablemente la fijación ocurrió la primera vez que lo llevo al circo. Franco había quedado hipnotizado con el caminar sobre la cuerda floja; movía la cabeza de arriba abajo y hacia los costados al mismo ritmo que lo hacia el equilibrista. A partir de aquella tarde de sábado su obsesión fue el equilibrio. Comenzó equilibrando el palo de escoba sobre la palma de la mano; luego sobre un la yema de un dedo y finalmente sobre su punta. Luego fueron varillas mucho más altas. Durante años estuvo dedicado a equilibrar paraguas, pero no sostenidos en su mano, sino que buscando su punto de equilibrio con el solo apoyo de su punta en el suelo. A veces, solo per segundos, conseguía que el paraguas permaneciera quieto y se veía como sus ojos vidriosos chispeaban alegría. Cuando se casó y mientras su mujer veía interminables programas de televisión, él se entretenía intentando mantener el control remoto verticalmente equilibrado sobre un pliegue del cubrecama.

"Anastasio"

   Cuando el hombre llegó a la luna, Anastasio tenia veinte años. El hecho lo puso mal genio pues consideraba que por donde pasaba el hombre dejaba su huella inconfundible: abuso, crueldad y basura.
  ¡Me ensuciaron la luna! Gritaba,  la mañana del  20 de Julio de 1969. Yo estaba presente.
  Es un viejo cascarrabias que reclama  por todo, pero en algunos casos no deja de tener cierta razón. Lo bueno es que no sólo reclama, sino que busca las formas mas efectivas y eficaces para lograr corregir algo que lo ha afectado a él o algún amigo.
  Hace muchos años fui a cerrar una cuenta de un banco cuyo nombre prefiero no acordarme. La agente me pidió por favor, por favor, que no le cerrara la cuenta; que no se me cobraría ni un peso por mantención. A los tres años me llegó un aviso diciéndome que debía cerca de 400 mil pesos por concepto de mantención. La misma noche en que recibí el cobro fui, por casualidad, a visitar a don Anastasio. Le conté el asunto y me dijo que no me preocupara. Efectivamente. A los pocos días fui al banco a reclamar y se me trató como si fuera el Embajador de Miranda. ¿Que había pasado?
 Como don Anastasio era un hombre de una fortuna inmensa, había llamado a  cuatro o cinco gerentes de sus empresas contándoles lo sucedido.  Según el, los cuatro enviaron correos a la mañana siguiente pidiendo una reunión para cerrar sus cuentas empresariales y exponiendo lo ocurrido a un “amigo” de don Anastasio.
 Han pasado muchos años.  Ayer lo visité nuevamente pues sabia que pronto viajaba a recorrer por décima vez su amada Grecia y quería despedirme.
 Estaba muy enojado con la huelga del registro civil. Dijo que nunca había tenido una buena experiencia con ese servicio, que era posible que perdiera el viaje, en fin, le salían chispas por las pobladas cejas. Pero lo increíble es que estaba organizando, para mañana,  una manifestación al frente del Registro Civil con carteles pidiendo que se les bajara el sueldo en un 12% por la mala atención y en 8% por las demoras.
 Para calmarlo, le dije que yo nunca había tenido un problema, al contrario, siempre me habían tratado bien y ágilmente.
 “Es que usted vive en el Puerto, y eso es otro país; pida un certificado en Santiago alguna vez y verá”

Jueves 1 de Octubre de 2015, 21:00