"Oveja Perdida"

                          
              Sobre la extensión interminable descansaban esparcidos cientos de troncos quemados, como fósforos a medio consumir. El viento, al darle en las orejas  lo hacia escuchar un sonido de laberinto. Barría buscaba con su mirada de vidrio la oveja perdida. Hacia veinte días que la cuenta del piño le daba trescientos pero, a pesar del numero redondo, sabia que faltaban una. En eso no se engañaba. Metió los dedos helados entre medio de la camada de la montura y, apoyando los pies en el estribo elevo el cuerpo para observar mejor. Alcanzó a divisar un jinete de manto negro sobre un caballo negro. Comenzó a galopar bajando del cerro decidido a enfrentar al cuatrero, sabiendo que la noche haría difícil su búsqueda. Después de galopar por algunos minutos decidió que no valía la pena maltratar mas al animal que había trabajado todo el día. Resolvió volver y no pensar más en el cuatrero.
                 Al llegar al campamento, Mardones, Oyarzo y el flaco Campos estaban jugando truco.
               - ¿Qué pasó, hombre?
               - Se me perdió una oveja.

          - Al olvido Barría!  Arrímese y venga a mentirnos.

Lunes 26 de enero de 2015, 22:21

"Distemper"

                    No se había atrevido a decírselo, pero un domingo de mayo del año 2007, ella fue quien abrió la oportunidad, al decirle:
    - “¿Sabes, Tomás, que duermes como un perro? Anoche me desvelé y te estuve observando por horas y te digo: roncas como perro, a veces te da por rascarte por detrás de la oreja y lo haces con movimientos repetitivos y rítmicos; también te estiras como ellos y, la verdad, y espero que esto no te ofenda, comes como un perro” 
          - "Que bueno que me lo hayas dicho, porque desde que nos casamos es que he querido confesarte algo relacionado con eso. Al principio, si te acuerdas, te decía que no soportaba ver un perro hambriento en   la calle. Tu me  decías: ¿Y cómo puedes saber si un perro tiene hambre? Es que yo lo sé, te decía, solo me basta mirarlo, ver el brillo que tienen sus ojos para saber si lo que tienen es sed, hambre o necesidad de cariño...
   Como ya el tema estaba puesto, esa misma mañana de mayo le dijo:
      - Mira Doris, solo te voy a pedir que me escuches, porque lo que te voy a decir no lo vas a creer, pero tengo el deber de decírtelo; quizá algún día comprenderás. Son dos cosas importantes: una, es que la reencarnación existe y la otra, es que en la reencarnación anterior, tanto tú como yo, fuimos perros.
        - ¿Ja, ja, ja… de la calle?
     - Yo. Tu eras una perra de casa; tus dueños eran un matrimonio de panaderos bastante ricos pero muy avaros. Eras muy esbelta, pero cuando te conocí, me di cuenta que tu figura le debía más a la mezquindad de tus dueños que a tu configuración ósea.
  Este diálogo tuvo lugar hacen más de ocho años y claro, como era de esperar, ella pensó que todo era una broma, que era otra de sus absurdas construcciones verbales que ella disfrutaba sin duda, pero sabiendo que eran juegos sordos.
  Durante todo el pasado diciembre el se quejó de malestares diversos. Ella le preguntó varias veces qué es lo que sentía y él solo refería algo impreciso en sus caderas, como si sus piernas no estuvieran alineadas con ellas, como si se les durmieran.
      El lunes recién pasado, Doris lo acompañó a buscar los exámenes a la clínica; almorzaron en el centro y luego fueron a la cita medica.
      El medico saco unas radiografías de una carpeta que tenia sobre el escritorio, revisó los exámenes y dijo:
Sabe don Tomás, no lo tome a mal, pero si no fuera usted un ser  humano, le diría que lo que padece es Distemper.
Ella achinó los ojos, lo miro con ternura y, poniendo su palma sobre la cabeza dijo:
Tranquilo perrito, estarás bien.  No pasa nada!

Domingo 25 de Enero de 2015, 0:16


"La difícil sencillez"

              Siempre he estado convencido que una de las cosas difíciles, cuando se escribe, es ser sencillo; difícil y compleja, lo que como sucede a menudo, constituye una paradoja. 
            De vez en cuando me leo y siempre reparo y critico el haber utilizado una palabra o una frase rebuscada, sabiendo muy bien que la gracia, la sobriedad, la inteligencia de un texto radica normalmente en su sencillez.  Tal vez, en muchos casos,  sea una especie de vanidad la que nos impulsa a escribir (pintar, tener opiniones políticas, cantar, vestirnos y hasta cocinar) de manera extravagante. Puede que el deseo de querer ser original nos juegue chueco, nos trampee y nos haga redactar impostando la voz, falsificando la nuestra.  
A veces también, y quizá por lo mismo, utilizamos metáforas de una obviedad arjonística y relamida. Pero bueno, en la medida que escribimos vamos siendo consientes de nuestros errores.
            Escribir tiene muchas cosas buenas y una de ellas es que permite conocernos; se van descubriendo debilidades, pequeñas soberbias y, de en cuando en cuando, también algunos aciertos, como, respecto a alguna escrito, ha señalado el gran Horacio. Además al parecer es un buen ejercicio para quienes pasamos la cincuentena y, por tanto, va siendo hora que ejercitemos las neuronas para prevenir un envejecimiento prematuro.
            En todo caso, lo bueno es entregarse a lo que se ama, aunque cueste, aunque se sienta temor, aunque duela, porque al final del día, uno siente que no es sólo decirlo, sino, de alguna manera probarlo, ante los demás y, sobre todo, ante uno mismo; esto es, poder decir, sin mentir, algo mejor que “amo escribir” porque lo que es verdad, al menos en mi caso, es poder decir: "amo haber escrito".

Sábado 24 de Enero de 2015: 0:55.


"Nuestros clientes"

                                                                                                                         Para mi amiga, PZD. 

Se sientas hombres  que sospecho fueron hechos de lagrimas
Que disimulan
Pero el olor salado de sus gestos les delata
el crimen y sus apretadas consecuencias
Algunos logran penetrar en la fuentes de su propio dolor y se van y no vuelven
otros se les ordena dormir entre otros hombres de lagrimas
y a otros a marchitarse en los rectángulos del miedo
ahi comienza una historia de
horas y días compartiendo con sólo el cadáver
maloliente de la esperanza
Los errores de una infancia esculpida con aceitosa indiferencia
y las injusticias mal repartidas
Luego la ansiosa adolescencia libertina
y al final los límites del barrote sin una pizca de chocolate
A lo más, un cigarro encendido cuyo humo burlón
Se eleva y eleva y eleva sin despedirse
Y subitamente  
Un empujón de ojos enemigos
Un punzaso y la carne cuelga como una realidad
hecha de un orgullo inútil
que se arrodilla durante
la visita de la mujer fiel como una abeja
del  hijo concebido en las oscuras entrañas
del gimnasio lleno de aire ajeno y tibio
Después, a la cuenta
que remite a una presencia obligada
y nuevamente la noche, noche, noche
para pensar en el hermanito que me pide que piense
y a pensar en el gelio, 
el evan, el gelio, el  evan
el evangelio de los tristes refugiados
y así pasan los días, sin siquiera ver una frutilla
melindrosa y espinilluda, una pera enamorada, una coqueta manzana
De vez en cuando un cambio
un módulo hecho de amenazas condicionales
 y tiros sin revolver,
viviendo siempre con el riesgo de
las estocadas hirvientes,
las torceduras en los huesos duros
el dolor, el dolor de algún diente infectado por los peces
que resbalan por las agrietadas paredes
y vuelta a los barrotes sin chocolate
y vuelta a los cigarros y su pequeño volcán
y a veces jugar a quemarse para sentir lo único que se tiene:
el dolor.
Y a veces también  jugar con un vidrio que triza los brazos
Un espejo  que revela las horas perdidas
Un gendarme de risa y pena impredecible
Un gendarme de la soledad
Y  ver, tantas veces y otra mas, sobre la pared 
el temblor de los días en el calendario
y volver a odiar el ...  “y un día”
El destino, el destino, el destino
Barrera infranqueable de la voluntad
En las noches las estrellas impávidas
Susurran su lejanía
En los días, el sol displicente se complace en iluminar
Lo que tanto se conoce.
Por eso el odio es merengue
Por eso es que la salida se convierte también en entrada
a otro infierno
Nada, nada,  nada el pez en el agua.
Nada,  nada, nada en el futuro.


"Antigüos"

                Muchas cosas buenas tiene ir convirtiéndose en antiguo. Llega una extraña serenidad, cambiamos la manera de enfrentar las desilusiones, soportamos mejor los fracasos y, de verdad éstos se transforman en enseñanzas.                 
        También se nota en cómo vamos cambiando la forma en que vivenciamos actividades mínimas; el silencio se disfruta especialmente; una buena conversación; caminar lenta y tranquilamente cerca del mar, ver una buena película italiana (que no sea Il surpasso de Dino Risi, no por mala, sino por su velocidad vertiginosa), preparar lentamente una paila de huevos revueltos con tomate; detenerse frente a una lavanda y acariciar una rama entre el pulgar y el índice para gozar de su fragancia; mirar el cielo de noche; jugar una buena partida de naipes con personas queridas; una muda de camisa después de una buena ducha; mirar fotos de hace muchos años; recordar el Re degli Amici en Roma;  pensar y sentir a personas que quisimos mucho y ya no están;  mirar compasivamente a los equivocados o egoístas; apenarse por tanto sufrimiento en el mundo, pero sabiendo, al mismo tiempo que, como dice Desiderata, sea que resulte claro o  no el universo marcha como debiera… 
            Quizá sea que la paz  llega cuando nos damos cuenta que, a pesar de muchos errores, siempre se ha tratado de ser buena persona... 

Jueves 22 de Enero 2015, 21:30

"Ahora no le duele"

                           Hay muchas cosas por las que se debiera agradecer constantemente. La salud es una: le propongo, querido y fiel lector, hacer un ejercicio; piense en algún momento de su vida en que haya sentido un fuerte dolor de lo que sea; muelas, garganta, estómago, huesos o incluso ese malestar general, pero no por general menos malo, que provocan las gripes.  Recuerde como se sentía, su estado de ánimo, la esperanza de mejorar…  Piense que en este momento, espero,  no tiene ningún dolor que le reclame. Ahora usted está sentado en una cómoda silla, probablemente fumando (¡ah! ¡como extraño el fumar!), con un tibio café a su lado o mejor, con una copa de vino o cerveza, tal vez escuchando música, en fin, cómodo, relajado y sin ningún dolor que le saque de ese estado apacible. ¿Se dio cuenta?: es maravilloso tomar conciencia de que en este preciso momento usted está sano, sin dolores físicos (de los otros, difícil librarnos como diría E. Cioran). Y bueno, así con muchas cosas valiosas que las damos por hecho pero, que bien pensadas, son bendiciones. Si en este momento tiene hambre, puede que no tenga que caminar mas de catorce pasos para ir al refrigerador y sacar algo para comer.
            Mañana temprano iniciará el día con una ducha caliente; se pondrá ropa, tomará un bus o manejara su automóvil y se dirigirá a su trabajo. Salud, comida, casa, ropa, trabajo, tantas cosas de las que gozamos sin darnos cuenta que somos grandes privilegiados: es cuestión  de ver las estadísticas, son millones y millones en el mundo que no pueden acceder a lo que nosotros nos parece natural. Incluso, es mas que probable, que a sólo un par de kilómetros de donde estemos haya alguien que en este preciso momento no tenga nada que comer.
            Valorar lo que tenemos, compartir todo lo que podamos, agradecer siempre, son algunas de las actitudes que, creo, nos ayudan a comprender que somos mucho mas felices de lo que creemos, y que por lo mismo, debiéramos pensar mas seguido en los demás.

Miercoles 21 de enero de 2015, 22:46

"Librerias"

              Después de una reunión que me dejó con la ilusión de trabajar con excelentes personas y profesionales, caminé lentamente por  la Avenida Libertad para desembocar en el provinciano templo del consumo viñamarino.
            El vicio me llama y en ese lugar existen dos centros de ventas: Antártica y Feria Chilena. Aunque me contuve y no compré nada, si hojeé muchas ventanas a otros mundos. Cada vez que lo hago,  siento que mis intentos por escribir algo que valga la pena (un par de buenos cuentos, un poema o una novelita entretenida, proyectos en los que trabajo desde un poquito antes de nacer…) no tienen mucho destino.
            Hojeo libros de autores chilenos como Zambra, Bisama, Viera Gallo, Contreras, Labatut, Hidalgo, Zúñiga, etc. y quedo admirado, no solo por la calidad, sino por lo inteligente y creativo de sus textos. Me baja, lo reconozco,  un poco de sana envidia.
           Pero el talento es muy extraño y a veces quien lo tiene no quiere o no se atreve a realizarlo y compartirlo. Puede ser que usted, que lee esto, tenga un talento extraordinario para algo y no lo haya explotado. Deben haber miles de buenos escritores en muchos lugares de Chile que no se atreven a escribir (NRP, usted es uno) y que, si lo hicieran, serian fuera de serie y probablemente con una gran venta, con tirajes que superarían los treinta y dos ejemplares, de los cuales estoy cierto, se venderían mas de ocho. Esta última ironía, no quita que de verdad piense que serian buenísimos escritores. El problema no es su literatura, el problema está en que en nuestro chilito (iba a escribir “en este país” pero me acorde del pelucón de Tolerancia Cero) nadie lee mucho. 
           Si alguna vez tuvimos una clase alta, sobria y culta, la que se supone debería ser un modelo a seguir, de ella no queda nada. Hoy, la que se las da de clase alta, es de una ordinariez mayúscula; inculta, prepotente, llena de clichés, codiciosa, avara, falsa, con estereotipadas formas de hablar y de comportarse cuyo único fin es "distinguirse" de los demás shilenos. En fin, como dice cierta colombiana, son de mala clase “tiempo completo”.
         Ahora, para ser justos, no todos, aun quedan honrosas excepciones.

Martes 20 de Enero de 2015, 23:49.

"El tiempo"

                              Usted me está leyendo en este preciso momento; sepa que cuando me dirigí a usted eran las 22:34. Desconozco la hora en que usted me está leyendo, pero ciertamente es en el futuro. 

            De todas maneras, lo cierto es que en este momento intento imaginar quien leerá este escrito de melancólico día lunes. Es curioso, pero usted que lee tiene un rostro y en este momento no puedo ponerle el rostro que usted tiene a la persona que imagino me está leyendo.
            Me pregunto si usted vive en este delgado país o en el extranjero. Si nos hemos conocido. Me pregunto qué pensé de usted cuando lo conocí y usted, qué pensó de mi. ¿Le parecí una buena persona? ¿Me encontró pesadito?
            Si nos conocimos personalmente, puede haber sido de día o de noche, con mas personas o solos ¿fue a causa del trabajo, del estudio? ¿Tenemos muchos amigos o conocidos en común?
            Bueno, como haya sido, eso ocurrió en el pasado. Usted está leyendo esto en su presente y, puede que lo recuerde en el futuro; mañana o pasado mañana.
            Habrá notado que desde hace tiempo me obsesiona el tema del tiempo. Hace tiempo que el tema del tiempo; parece malabar ¿no?. Y bueno, ahora me quedan solo seis minutos para terminar este escrito y usted también lo está terminando, junto conmigo, porque si bien yo lo estoy escribiendo a las 22:44, usted lo leerá en el futuro, pero de alguna manera estará también en mi presente que será su pasado, es decir, mi ahora, aunque ese ahora ya se convirtió en las 22:45. Y así, así pasa el tiempo y juega con nosotros sin que podamos hacer algo; salvo escribir para intentar detenerlo. Espero que a usted este escrito también le haya servido para tener la ilusión que lo hemos detenido o, por lo menos que lo hemos mirado de frente.
            Una cosa última que estoy seguro le gustará: sabia que Pascal dijo que "Dios inventó el tiempo para evitar que todas las cosas ocurrieran en el mismo instante"
¿Genial, no? .... ¿Sonríe?
              Un cariño viaja para usted en el tiempo … y ahora, en este preciso momento en que lee, ya le llegó, ya está dentro suyo el cariño enviado  y ahora ya es un cariño que le envié en el pasado. 

Lunes 19 de Enero de 2015. 22:31