Miércoles 25 de Marzo 2015, 22:30



“Cerrajero” (XVI)

            Al entrar al restaurante escogió una mesa del fondo, junto a la ventana. Aunque no era un cliente habitual un mozo lo reconoció. Después de ordenar un Ceviche y media botella de vino blanco,  comenzó a ojear el diario dominical. Repasó mentalmente lo que había hecho la noche anterior y volvió a sentirse feliz y seguro. Pensó en hacerlo nuevamente esa noche, idea que rechazó rápidamente. No era la adrenalina ni la posibilidad de encontrar algo muy valioso lo que lo inducia, sino el poder; el saberse capaz de  penetrar en la intimidad de un hogar sin ser descubierto.
            Al terminar el almuerzo dejó una buena propina y caminó hasta el puerto. Compró un helado y se sentó en un escaño a observar el movimiento de naves. A las cuatro de la tarde emprendió el regreso.


(Continuará)





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